Dólar: Hay que prepararse para un período de volatilidad

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Diario Clarín

Será difícil de sostener la estabilidad del tipo de cambio. El Banco Central tiene limitaciones para capear una situación de esta envergadura, dice el ex presidente del BCRA. 

La apertura del ciclo legislativo marcó el punto de partida del año electoral. Sin dudas el gobierno se planteaba llegar a estas instancias con otra perspectiva. Lejos quedó la idea del equipo que nos iba a llevar a pelear el campeonato de Primera A. Hoy apenas estamos arañando el descenso de Primera B. Esto es así, porque la economía argentina se ha quedado sin motores de crecimiento. En efecto, no estamos en presencia de un programa que movilice el consumo o la inversión. Sólo las exportaciones, que representan algo más de un décimo de la producción doméstica, pueden presentar algún alivio en regiones selectivas del país.

Más allá de este escenario mediocre, los próximos meses no están exentos de alertas. Las luces comienzan a encenderse por la tendencia nacional que existe en los años electorales a convertir las tenencias en pesos, de los ahorristas y empresas, en moneda dura. La conducta local demuestra que en los meses previos a los comicios generales, o aun los de mitad de término, este fenómeno se acrecienta.

Todo indica que este año las cosas no van a ser diferentes. Si se tiene en cuenta que la política monetaria ha generado un aumento de los plazos fijos en unos $ 300.000 millones en los últimos cinco meses, ya se avizora el germen propicio para iniciar este proceso. A esto hay que sumarle los plazos fijos ya existentes, con un total que asciende a $ 1.129.000 millones, que están colocados en su mayoría a menos de 59 días. Más aún, para determinar la demanda potencial de divisas, deben sumarse también las colocaciones a la vista del sector privado, que alcanzan los $ 890.000 millones. Esto pone de relieve que existen más de dos billones de pesos que actúan como una suerte de materia prima lista para transformarse en un proceso dolarizador.

Todo esto nos permite concluir que las autoridades económicas y los ciudadanos debemos prepararnos para un período de alta volatilidad. De acuerdo con mi experiencia, la conducta funciona de esta manera: los depósitos a plazo fijo a su vencimiento pasan a la vista, y luego, esperan el momento adecuado para comprar moneda extranjera. En general, las empresas lo hacen antes y los particulares después.

A partir del presente análisis resulta evidente que, si se enfrentan meses con una formación de activos externos superior a los u$s 3.500 millones mensuales, será difícil de sostener cierta estabilidad en el tipo de cambio. Dadas las limitaciones acordadas en la Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central no tiene instrumentos para capear una situación de esta envergadura. Deberán descansar entonces en la utilización que el Ministerio de Hacienda le brinde al desembolso de u$s 10.800 millones previstos para este mes. Si todos los vencimientos del año en pesos se pagaran con dólares del organismo multilateral, la oferta potencial de divisas ascendería a unos u$s 11.500 millones y, particularmente, unos u$s 7.900 millones en el primer semestre. Dependerá entonces de la pericia táctica y operativa de las autoridades para ofertar las divisas en tiempo y forma adecuada de modo que eviten sobresaltos en la cotización de la moneda.

Dentro de la oferta potencial de divisas debe contarse la liquidación de la cosecha que en el equipo de Fundación Capital estimamos en unos u$s 5.500 millones más que la del año anterior. Con una salvedad, a comienzos de esta gestión el Gobierno eliminó los plazos para la liquidación de exportaciones.

Asimismo, es preciso incorporar al análisis el rol que el Banco Central le da a la tasa de interés para seguir atrayendo las colocaciones en pesos. Así, proyectamos un costo del dinero persistentemente elevado que aumenta los riesgos crediticios. Los últimos datos de morosidad confirman esta tendencia: una suba pronunciada de la irregularidad en los préstamos a las industrias y al sector de la construcción (+1,8 puntos porcentuales y +4 puntos porcentuales, respectivamente).

En este contexto, la salida de la recesión económica es como la de un paciente con anemia. Desde nuestro equipo prevemos que el producto recién presente en términos interanuales un rebote en la segunda mitad del año (+1,1%), sin compensar la baja de los primeros meses, y por ende, dando por resultado una caída del 1,4%.

Otra de las alarmas pendientes se presenta en el mercado laboral, donde el empleo muestra los números más negativos en una década. Así, la tasa de desempleo en los primeros meses del año podría llegar a los dos dígitos. Por otro lado, los salarios continuarán evolucionando por debajo de la inflación, recién dejando de perder poder de compra a partir del mes de julio, cuando ya se hayan materializado los aumentos de las paritarias que engloban la mayor parte de los asalariados.

En síntesis, las alertas económicas son muchas y sólo con solvencia técnica podrán quedar en el terreno precautorio. De todas formas, nuestro país necesita superar los programas de emergencia que apenas pueden pagar nuestras deudas y aspirar a una cierta tranquilidad cambiaria. Argentina está para más: necesita un plan de convergencia para estabilizar las variables macroeconómicas, junto a un programa de crecimiento que modernice nuestras estructuras productivas para ponerlas a tono con el siglo XXI.

 

Fuente: Diario Clarín