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Mi ciclo en el Banco Central ha concluído
LIBROS


LAS CUENTAS PENDIENTES Martín Redrado

Las cuentas pendientes no se limitaal relato de lo que pasó. Realiza un análisis punzante del presente de laArgentina y, en especial, avanza en una propuesta integral para el futuro bajola idea fuerza de que detrás de los números económicos, hay gente de carne yhueso. La economía no sólo sirve para entender la paridad cambiaria o eldéficit presupuestario sino que además debe suministrarnos conocimientos einstrumentos que nos ayuden a entender y solucionar problemas cotidianos.

El autor identifica cuatro ejestemáticos para abordar los dilemas del país que viene: integración,productivismo, institucionalidad y federalismo, y analiza la actual situacióngeopolítica que enfrentamos para avanzar en materia de inversión y desarrollo.Estas páginas se destacan por algunas de sus propuestas, y los esquemas quealientan para fomentar atributos y aprovechar potencialidades en cuestionesclaves cómo volver al mundo o enfocarse en la investigación y el desarrollo.Más aún, este libro pone especialénfasis en la generación de políticas permanentes para dar un saltocualitativo, con la conclusión social como política de Estado.
En definitiva, Martín Redrado estápensando en la Argentina que viene y tiene propuestas concretas y de gestión.Así, el autor ha escrito un libro crítico, ameno y a la vez optimista que invita a la reflexióny a emprender un camino de oportunidades.
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SIN RESERVAS Martín Redrado

El 14 de diciembre de 2009 se quebró una relación de respeto que se había mantenido durante más de cinco años entre el Banco Central y los Kirchner, cuando el Gobierno, con un decreto, decidió usar las reservas para financiar el desmedido aumento del gasto público sin consultar al propio presidente del organismo, Martín Redrado. Esta estrategia tiene un efecto económico, pero parte de una raíz política: cómo se ha manejado el país desde 2003. El denominado “modelo” que tanto se ha reivindicado en los últimos años está agotado y, luego de varios manotazos –el más flagrante, a los fondos previsionales—, el Gobierno decidió “ir por todo” al violar la autonomía del BCRA, una de las pocas instituciones del Estado que aún gozaba del respeto de la sociedad y de los agentes económicos.
El objetivo de esta arriesgada jugada del kirchnerismo —que incluyó desde “apretar” a jueces de la Nación hasta eludir la opinión del Congreso— consiste en financiar el déficit fiscal en pos de perpetuarse en el poder, a costa de un verdadero fenómeno inflacionario como el que ya sufrió el país en el pasado. En Sin reservas Martín Redrado cuenta en primera persona cómo los Kirchner intentaron previamente usar los fondos del BCRA para comprar YPF y para fomentar un “auto popular y peronista”; sus peleas con Guillermo Moreno por el Indec; las presiones devaluatorias que ejercieron los Kirchner sobre el Banco Central, y sus propuestas para que la Argentina pudiera volver a financiarse en el mercado a una tasa de interés baja sin tener que malgastar las reservas, el único recurso sólido que, hasta ahora, le quedaba al país para defender la estabilidad del dólar y los ahorros de todos los argentinos.
Sin reservas, a diferencia de los libros escritos por analistas externos que han intentado descifrar cómo gobiernan los Kirchner, tiene un plus inigualable: es el relato apasionante de alguien que, aun sin tener una relación personal cercana con el matrimonio presidencial y sin pertenecer a los “pingüinos”, mantuvo una cuota de poder fundamental para tomar decisiones en el Gobierno desde septiembre de 2004 hasta enero de 2010.
A todos los que me apoyaron, por la fuerza que me dieron para llegar hasta el final.
PRÓLOGO
Siempre tuve la convicción de que todo hombre público debe rendir cuenta de sus actos. Esta ética de la responsabilidad es, a mi juicio, una condición esencial para vivir en una República. No puede sorprender entonces que, con la memoria fresca de cinco años y cuatro meses de gestión al frente del Banco Central, me haya puesto a escribir este libro que hoy está en sus manos. Reitero así, la experiencia que dio por resultado “Tiempo de Desafios” (1994) y “Exportar para crecer” (2003), ambos publicados por Editorial Planeta.
En esta oportunidad, al avanzar en la lectura de “Sin reservas”, usted encontrará documentos inéditos, pues nunca vieron la luz pública, que permiten realizar un análisis desapasionado de cómo se tomaron decisiones económicas trascendentes para el país. También, y gracias a que tomo nota de todos los hechos que me impactan, el lector encontrará diálogos textuales de reuniones con las más altas autoridades del país y la cronología nunca contada de la crisis que se disparó a partir de la firma del Decreto 2010 que decidió, de un plumazo, cambiar el rol de las reservas consagrado en la ley.
Esta situación no buscada puso al Banco Central y a quien escribe frente a una decisión crucial. Nuestra respuesta fue simple: fuimos consecuentes con el cumplimiento de la ley y de las normas vigentes, aún enfrentando presiones y otras cuestiones de un Gobierno que se lleva todo por delante. Estoy convencido de que gracias a nuestro accionar del mes de enero, nunca más será posible “usar” al Banco Central de espaldas a la ciudadanía y sin la intervención del Congreso Nacional. Quizás, este sea el logro más importante de mi gestión: haber puesto límites al Poder Ejecutivo, cuando todos miraban para otro lado, levantando sus copas para brindar, por haber sobrevivido a un tan año difícil como el 2009. Fue preciso recurrir a todas las instancias judiciales y legislativas para que, de aquí en más, ningún presidente, por más iluminado que sea, pueda cambiar la estructura de las instituciones de nuestro país, sin un debate legislativo previo. Estas acciones fueron el corolario de la independencia de criterio que mantuvimos durante nuestra gestión.
En efecto, en el período 2004-2010, el manejo de las tres variables fundamentales del Banco Central siempre se realizó con criterios estrictamente profesionales. Tanto el nivel de reservas como el nivel de tipo de cambio y las tasas de interés se fijaron dentro de la institución, evitando todo tipo de presiones políticas.
Advertimos que con la apropiación de las reservas, y su monetización para financiar el déficit fiscal, se ha sobrepasado otro de los límites establecidos por nuestra gestión: el Banco Central no debe enjuagar, con emisión, los desbordes presupuestarios.
Como en todos mis ensayos anteriores, sobre el final de “Sin Reservas” esbozo mi visión de la Argentina para los próximos años. Estoy convencido de que con un plan económico integral, que coordine la política fiscal con acceso al crédito voluntario, junto a la política salarial, de competencia, monetaria y cambiaria y un equipo de profesionales con probada experiencia de gestión, Argentina emergerá con todas sus fuerzas creativas y productivas. Nuestro vecindario sale fortalecido de la crisis internacional en relación con otras regiones del planeta. América del Sur comienza a instalarse dentro de las principales corrientes inversoras del mundo. ¿Por qué la Argentina va a estar al margen de esta tendencia?
Como ya estoy trabajando con mi equipo para que esto sea una realidad en los próximos años, concluyo este libro con una agenda para el crecimiento sustentable.
Gracias a la formación de un grupo de economistas que viene trabajando hace quince años, logramos establecer un verdadero dique de contención y racionalidad para la economía argentina. En efecto, a fines de enero de este año dejé un Banco Central más sólido del que encontré en 2004. En los últimos años, la institución generó tres bienes públicos, hasta el momento ausentes en la historia económica argentina: la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera y la previsibilidad cambiaria. Este es un hecho inédito para un historial signado por la incertidumbre y las crisis recurrentes. En efecto, pudimos quebrar una racha histórica de tres décadas que implicaba crisis monetaria y cambiaria cada siete años.
Los cuatros pilares fundamentales de nuestra estrategia fueron
1) Brindar estabilidad monetaria a partir de una estricta convergencia entre la oferta y la demanda de pesos,
2) Establecer un régimen de tipo cambiario flotante administrado que genera previsibilidad cambiaria,
3) Implementar políticas anticíclicas, es decir, juntar en épocas de bonanza para gastar en tiempos de escasez y
4) Generar una regulación y supervisión que proteja los ahorros de los argentinos.
Estos cimientos funcionaron adecuadamente ante cada episodio de turbulencia experimentado en los últimos años. Sin ir más lejos, en 2009, todos pronosticaron problemas con el dólar o los depósitos de la gente, a partir del agravamiento de la crisis financiera internacional y las cuestiones de orden interno. Sin embargo, si no hubo crisis, fue por el accionar del Banco Central, que se convirtió en un pilar de solidez para la economía argentina. El régimen monetario y financiero implementado ha demostrado tener una contundencia rotunda frente al mayor cimbronazo internacional de los últimos ochenta años: a pesar de los shocks, los depósitos y el crédito continuaron creciendo, a la vez que la tasa de interés y el tipo de cambio mantuvieron una trayectoria suave y controlada, que disipó los “fantasmas” del pasado. De este modo, el “poder de fuego” demostrado, una y otra vez, por el Central hizo posible que la salida de capitales se disipara. Más aún: a partir de la confianza generada por nuestro accionar comenzaron a observarse resultados positivos del mercado de cambios, donde la demanda de dólares por parte del público “se transformó” en oferta de divisas, hacia el final del año pasado.
Así, nuestras políticas han demostrado, con hechos, la capacidad de generar estabilidad en las variables monetarias, financieras y cambiarias. Los ahorros de los argentinos nunca estuvieron en riesgo, y ninguna entidad requirió asistencia de parte del Banco Central, mientras que en otros países, la crisis financiera se cobró víctimas entre los ahorristas y provocó cierres de bancos. Este resultado, lejos de ser casual, ha sido causal: la regularización diseñada entre 2004 y 2009 había previsto los mecanismos de provisión de liquidez que “regara suficientemente el bosque” en caso de sequía de los capitales externos, así como altos estándares para el mantenimiento de la solvencia de los bancos. En particular, la persistencia de las políticas a lo largo del tiempo ha permitido cambiar las expectativas de los ciudadanos frente a las turbulencias. Como en cada uno de los numerosos episodios enfrentados, esto se efectuó siguiendo una estrategia secuencial: primero procurando las condiciones para restablecer la demanda de pesos y luego inyectando liquidez para evitar el quiebre de la cadena de pagos y defender la estabilidad sistémica.
El manejo del tipo de cambio habilitó un hecho inédito en décadas: la fluctuación del peso –movimiento natural frente a un shock como el sufrido por la economía mundial– tuvo lugar sin el menor indicio traumático sin corridas ni nerviosismo en el público. El tipo de cambio se ha desplazado a lo largo de su sendero de equilibrio, siguiendo su tendencia de largo plazo y evitando una volatilidad innecesaria que pudiera perjudicar las decisiones de ahorro e inversión.
La política de acumulación de reservas internacionales puesta en marcha entre 2004 y 2007 permitió que el BCRA aprovechara los momentos favorables del ciclo internacional para acumular recursos (cuando el costo de oportunidad de hacerlo era bajo), que luego utilizó activamente para estabilizar el mercado cuando las circunstancias cambiaron. Hoy las reservas se ubican en niveles adecuados para disuadir cualquier “ataque especulativo” contra la moneda local. En un contexto externo hostil, hemos alcanzado un nivel récord de reservas bajo una óptima política de administración de las mismas y siempre manteniendo la prudencia monetaria.
Muy lejos de las serias dificultades por las que atravesaron los ahorristas a nivel mundial, Argentina presenta una realidad completamente diferente, con fortalezas en todos esos frentes, gracias al trabajo que se ha venido haciendo a lo largo de estos últimos años en materia monetaria y en el dictado de normas prudenciales financieras. Las bases están sentadas para que el vínculo entre el ahorro e inversión, a través del crédito, se fortalezca y apuntale el crecimiento económico de manera sostenible. Las entidades han concluido el camino de normalización en sus balances y hoy gozan de altos niveles de liquidez y solvencia. Respecto de los activos, ha descendido de manera notable el crédito al sector público a partir de regulaciones específicamente destinadas a tal efecto. A nadie se le escapa que en la actualidad la banca se encuentra en una situación fortalecida frente al riesgo, ya sea de liquidez, de crédito, de moneda o de mercado. Asimismo el crédito al sector privado supera ampliamente al crédito al gobierno y la irregularidad se ha mantenido en mínimos históricos, lo cual muestra un sistema focalizado en atender a las familias y empresas.
Definitiva e indudablemente, la tarea emprendida desde el BCRA en estos últimos cinco años ha sido totalmente superadora respecto la situación preexistente, tanto en materia monetaria como financiera. Por todas estas características, se trata de un régimen que evita las “híper todo”, esto es devaluación y/o inflación, la volatilidad excesiva de la economía real y cualquier mecanismo de retención forzosa de los depósitos (confiscación y pesificación). Sin duda, en comparación con experiencias pasadas “la foto” es hoy sustancialmente mejor.
A esto debe agregarse tareas dirigidas a la reinserción internacional del BCRA, recuperando un lugar de relevancia entre las economías emergentes. La participación activa en el Grupo de los 20 y en el Banco Internacional de Pagos de Basilea, permitió el ingreso, con voz y voto, al Foro de Estabilidad Financiera y al Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, ejes de la actual reforma a la arquitectura financiera internacional. Allí, el BCRA ha contribuido en el desarrollo de nuevas medidas para la estabilidad del sistema financiero internacional a partir de la experiencia pasada y los resultados presentes. También, fuimos elegidos por nuestros pares del continente para presidir el Consejo de las Américas que reporta los intereses de la región al Directorio de la entidad helvética. En este mismo sentido se encuadra la realización de las Jornadas Monetarias y Bancarias anuales, ya instaladas como uno de los principales foros internacionales de discusión entre los círculos académicos y de banqueros centrales. La recreación y jerarquización del área de Investigaciones Económicas (responsable, entre otras cosas, del armado de modelos econométricos según los cuales se elabora el Programa Monetario), permitió convertirla en uno de los centros de investigación en temas macro y monetario más importante de la región. La política de comunicación, transparencia y apertura del BCRA hacia la comunidad no solo se procuró en términos técnicos. Se trata de una institución de y para todos los argentinos, por lo que se llevan a cabo acciones para alcanzar a todo el público mediante actividades de interacción con la comunidad tales como becas, premios a las artes, y el desarrollo del Programa de Alfabetización Económica y Financiera para jóvenes de la escuela primaria y secundaria.
En definitiva, en los últimos cinco años, diseñamos y consolidamos un esquema monetario y financiero sólido y robusto que nos ha permitido transitar con estabilidad distintos escenarios internos y externos. Así, superamos con éxito numerosas pruebas, siendo capaces de, por primera vez en décadas, brindar estabilidad monetaria, financiera y tranquilidad cambiaria a todos los ciudadanos. Esto le permitió al Banco Central consolidarse como una de las instituciones más importantes para la estabilidad macroeconómica de nuestro país y un verdadero pilar de solidez para la economía argentina.
Todo esto no hubiera sido posible sin el esfuerzo incansable de los 2500 trabajadores que me acompañaron en estos años. También resultó reconfortante el apoyo recibido de los banqueros Centrales de Asia, Europa y las Américas y también de varios Ministros de Economía de los países desarrollados. Pero el apoyo afectivo de toda mi familia fue determinante en mi espíritu, más aún para ellos que vivieron, como nunca antes, momentos de tensión que culminaron en una situación límite. Si cada uno de ellos no hubiera estado conmigo, estas páginas no hubieran salido a la luz.
Martín Redrado
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NO RESERVE Martín Redrado

The limit of absolute power

In 2004, Argentina’s President, Nestor Kirchner, appointed Martín Redrado to lead their country’s Central Bank. It was the logical choice, considering that Harvard-educated and Wall Street-seasoned Redrado brought to the table an extensive knowledge of world economics. Redrado’s primary assignment as president was to provide monetary and financial stability to a country wrecked with cyclical breakups. In early 2010, Cristina Kirchner ordered the Central Bank to fund public spending and pay national debts.
Martín Redrado refused. In his comprehensive and straightforwardNo Reserve: The Limit of Absolute Power, Redrado reveals the circumstances leading to the global recession of 2008 and the financial machinations of Kirchner and her husband to tighten their political grip. When the author was forced to resign, he stood up against a powerful government to fight for the rights of all citizens…and changed the course of his country’s history. For anyone who enjoys works on business and economics, international politics and emerging nations, the tenets of central banking worldwide and the challenges facing global markets, this audiobook is ideal.
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THE OXFORD HANDBOOK OF LATIN AMERICAN POLITICAL ECONOMY

Monetary Policy Under Uncertainty
Capítulo de Martín Redrado para el libro
The Oxford Handbook of Latin American Political Economy
editado por Javier Santiso y Jeff Dayton Johnson

1. Introduction
The intrinsic complexity of economic relations, i.e. the interconnection among the relevant variables, the changing behavior of the economic structure and the interpretation of the different phenomena by the economic agents, forces monetary policy to be developed in a highly uncertain world.
The analogy of the car driver is appropriate to describe the monetary policy process. In this analogy, the economy is represented by the car, the monetary authority is the driver and policy actions are taps on either the brake or the accelerator. Accordingly, if the economy is running too slowly, then policy makers cut the interest rate (pressure on the accelerator), thereby stimulating aggregate demand. On the contrary, if the objective is to reduce the level of output, then the Central Bank switches to the brake by raising the interest rate.
However, monetary policy-making is far from simple, which renders the previous analogy misleading. First, policy-makers deal with informational constraints that are far more severe than those faced by real-world drivers. The second problem with this analogy arises from the central role of private-sector expectations in determining the impact of monetary policy actions. Therefore, if making monetary policy is like driving a car, then the car is one that has an unreliable speedometer, a foggy windshield, and a tendency to respond unpredictably and with a delay to the accelerator or the brake (Bernanke, 2004).
We live and, therefore, have to pursue monetary policy, in a highly uncertain world. Alan Greenspan defined this phenomenon in his own words: “uncertainty is not just an important feature of the monetary policy landscape; it is the defining characteristic” This statement may seem evident, almost redundant, especially to those of us who have had to weather crises, either as economic policy makers or in the private sector under changing financial conditions.
Financial crisis demonstrates that being a central banker is not an easy task. And, being a governor of an emerging market economy with a fragile institutional framework could be even more complex. Trust me: a year at the Central Bank of Argentina could be like a whole tenure at the Fed!
The purpose of this paper is to describe how the presence of uncertainty limits the effectiveness of monetary policy and, as a result, its implementation.
Monetary and financial policy in developed economies during the so called “great moderation period” tended to focus on price stability, with little regard to developments in asset and credit markets. Financial stability was left in the background, perhaps in the belief that it would follow from price stability and that risks could be properly limited by banks’ self assessment mechanisms. In contrast, developing countries have long (and painfully) learnt the lesson of the importance of financial stability on macroeconomic performance –as evidence by recurring crises in the 1980s, 90s and 2000s, in different circumstances, but sharing the substantial role of some sort of financial imbalance. Thus, if only a short time ago monetary policy could be adequately described by a simple “Taylor rule”, nowadays a more complex central bank “reaction function” is called for. This entails a rebalancing of monetary policy objectives, putting the proper functioning of the financial system on par with macroeconomic stability. Thus, newer approaches such as quantitative easing, enhanced regulation and supervision techniques, have taken the stage. In the developing world, we have seen in recent years policy strategies that include foreign reserve accumulation as a form of self insurance, active foreign exchange operations to mitigate excessive volatility, and the use of alternative mechanisms to provide liquidity when needed, recognizing the impact that the dynamics of financial conditions could yield on macroeconomic stability.
In emerging markets, we have to conduct monetary policy under deep uncertainty. Despite the considerable progress in many countries of the emerging world, it is undeniable that our macroeconomic behavior substantially differs from that of countries with higher relative development. Shock absorption mechanisms in developed economies (such as financial depth) are not only absent, but also work as amplifying forces, deepening the effects of shocks. All in all, the same external disturbance that might cause temporary internal imbalances in a developed country might lead in our economies to diverging paths in key variables, and this would imply a costly return back to equilibrium.
This paper embraces this unchartered territory. Section 2 reviews the recent contributions to the literature so as to identify the influence of uncertainty on monetary policy. Section 3 analyzes how uncertainty affects policy-making, particularly in emerging economies, while Section 4 includes the conclusions on the implications of uncertainty on monetary policy-making.

2. Monetary policy and uncertainty
Until recently, the notion of uncertainty was not systematically embedded into the theoretical body of monetary policy. The “world”, as defined by a given model, was considered to be perfectly known by decision makers. Consideration was given, at the most, to the notion of risk which, unlike uncertainty, entails knowing the probability distribution function of an event.
However, thanks to the contributions made by Walsh (2003), research on the conditions under which the monetary policy develops has underlined uncertainty as a core issue.
Some time ago, research revealed a consensus that implicitly assumed that central bankers knew the true economic operating model. It assumed they were able to correctly follow all relevant variables and could accurately determine the different impulses affecting the economic system. Under this perspective, the only remaining “uncertainty” was, in fact, the actual realized value of these random disturbances.
However, monetary policy decisions are affected by different uncertainty sources. For instance, information problems hinder the determination of the different phases of the economic cycle. In addition, policy makers ignore the exact nature of economic relations and of the equilibrium values of the relevant variables. In turn, economic agents play a critical role when they build their expectations, thus impacting the effectiveness of policy decisions. Besides, the latter is compounded by structural conditions under which both policy makers and private agents must address a learning process about the new environment and modify their behavior accordingly.
The different uncertainty sources are reflected in the specific problems that Central Banks face when designing and implementing the monetary policy. Even more, they restrain the way information is processed and the procedures to determine the most adequate intervention and operation rules.
However, most of these developments are applicable to advanced economies, relatively less prone to a crisis (or, at least, to frequent crises) and characterized by a high degree of macroeconomic stability.
Despite the remarkable advances of many Latin American countries in recent times, it is irrefutable that the macroeconomic behavior of the region is considerably different from that of countries with a higher relative development. The recurrent shocks have disruptive effects on output evolution. Particularly, more volatile economies exhibit lower growth rates.
The shock absorption mechanisms operating in developed economies are not only absent but also operate as amplification mechanisms in the less developed countries. Thus, the impact of the shock is more severe. So, returning to balance tends to generate high costs. It is not a coincidence that in developing countries consumption is more volatile than output, exactly the opposite of what happens in an advanced economy.
As pointed out by Sargent (1993), uncertainty can be especially intense in transition economies. In these countries, the “right” model, the value of structural parameters, the transmission mechanisms or the nature of shocks are not accurately known. Under such circumstances, the lessons drawn by agents can sharply increase uncertainty, translating into adaptive responses that alter the economic structure on a permanent basis.
The uncertainty concept inherent to every economy feed one other in the emerging world. Thus, the idea that the uncertainty of the environment is crucial when analyzing monetary policy options does not come exclusively from methodological or epistemological considerations. It also stems from the concrete difficulties faced by policy makers under changing scenarios, which frequently occur, unfortunately, in Latin American countries.
Uncertainty about how the economy really works (about how monetary policy transmission mechanisms operate) leads, on many occasions, to implement a monetary policy more conservatively than if the structure of the economy were known in depth. Emerging countries’ uncertainty aversion is evident to some extent in what some authors have called “fear of floating”, in relation with the allegedly excessive exchange rate stability (several additional reasons account for this phenomenon of relative stability in the exchange rate, such as the scarce development of heading instruments), while the same phenomenon in industrialized countries is known as interest rate smoothing. An element referred to the Central Bank’s credibility (not to appear erratic in the reading of the cycle and, thus, in the modification of the rates) may be behind the interest rate smoothing cycles of rate increase and decrease.
Recent studies that economic agents go through a “learning period”, where their behavior is not necessarily compatible, in the limit, with that of agents with rational expectations.
In other words, economic players are forced to learn while interacting, whereby adding more complex behaviors which are not always captured by standard models.
In exploring the policy-makers’ task, several papers (such as Levin and Williams, 2003) have shown the significant challenges posed by the analysis under uncertainty. Thus, the authors have emphasized that optimal policies in some countries may perform poorly under different conditions.
This has led to the notion of “robustness”: it is highly desirable that monetary policy rules sustain themselves against changes in the economy’s behavior. For example, a given policy may be considered optimal and simultaneously have very negative consequences if the true model governing the behavior of the variables differs from the model assumed. Instead, an alternative policy could be somewhat less effective if the economic model coincides with the model undertaken. Simultaneously, it could also be less harmful if the operating conditions go against those initially assumed. Against this back, a second best –though not necessarily optimal under all potential circumstances– could be considered more robust than the first alternative.
Given the incomplete knowledge about some key structural aspects of the economy and the asymmetric distribution of the costs and benefits of specific outcomes, Greenspan has advocated a “risk management” approach for monetary policy definition (Blinder and Reis, 2005).
Under such circumstances, the risk management approach proposes a forecast-based policy, whose purpose is to combine economic models with the opinion of the experts to project scenarios. It is singular because it focuses on the analysis of the probability distribution of economic outcomes. Therefore, low-probability –but potentially harmful– events are included in the analysis. Under this approach, what matters is the distribution of them, and not just the average or most likely outcome, to decide monetary policy actions (Greenspan, 2004).
Consequently, the outcome of a low-probability event with severe adverse consequences may then be considered riskier than the costs of having insured against a contingency that does not occur.
Simple instrumental rules may have a good performance similar to that of much complex “optimal” reaction functions. There is consensus on the fact that pursuing such rules may provide an adequate reference framework for decision-making by monetary authorities. Unusual –and sometimes usual– circumstances require giving a preeminent role to the analysis and judgment of monetary policymakers, in line with the principles of the “risk management” approach. Model-based rules should thus be an important supplement to the judgment based on the careful analysis of empirical evidence and data, but they cannot replace it.
When designing and implementing monetary policy, it is necessary to take these considerations into account, as well as the characteristics of the local and international macroeconomic environment. Otherwise, the monetary policy will not only be inconsistent but will also become an additional source of uncertainty, as it occurred in Argentina.
Recurrent macroeconomic instability episodes have been one of the most distinctive features of the aggregate operating dynamics of this country. It is not a coincidence that, in the last 25 years, the Argentine economy has been off the dynamic economic stability path (defined as the range between two standard deviations from the long-term trend) one third of the time, against 18% for Australia or 25% for Brazil. These countries are comparable in terms of resources and position in the world; therefore, Argentina is expected to be somewhat symmetrical regarding the impact of external shocks.
These phenomena have been severely harmful for long-term performance and not for free in terms of welfare: excessive volatility is likely to be the main factor behind Argentina’s economic stagnation in the last decades of the past century. (See Figure 1.)

3. Uncertainty and monetary policy implementation
The last 25 years have been prolific in terms of the lessons learned from crises of different origin and consequences for the monetary and financial system. The channels through which excessive volatility affects economic performance are different.
Argentina has undergone two types of crises:
• Crises arising from ex ante nominal volatility, characterized by a highly persistent variation in the nominal signals received by agents (high inflation), leading to a shortening of the horizon, conservative behavior, financial anemia and money functions' loss of value.
• Crises arising from nominal stability established by law (such as convertibility), which encourage a bold behavior by agents and “shortcuts” to financial depth but in the end cause mass defaults if the rule is not accompanied by consistent macroeconomic policies in the real economy.
In these economies, where society has developed a high risk aversion and the need to prevent the next crisis becomes a priority objective, the demand for macroeconomic policy coordination is more critical. If there are doubts about the inter-temporal solvency of any policy set, the monetary policy conventional room for maneuver can be limited. Likewise, the effectiveness of the traditional tools is affected. For example, Argentina’s credit channel is shallow, as shown in the last 25 years (See Figure 2).
When designing the monetary policy, it is relevant to consider the fiscal, financial and external conditions of the economy. An autistic monetary regime that ignores these issues, at the risk of becoming an additional source of uncertainty, would be useless.
In Sargent’s words (2007), there is no robust monetary regime for an inconsistent fiscal policy. The Argentine history is revealing particularly underlining the close link between the lack of fiscal solvency and inflation. Even though in recent years the restriction has eased due to budgetary surplus, the literature on fiscal dominance is not limited to the current period. In this context, it is well known that tax revenue structure depends on the current relative price structure, hence the need to address the issue under a general equilibrium approach. Similarly, any doubt about the financial system’s solvency or the external sustainability may restrain monetary policy room for maneuver.
Regarding external solvency, it would be inconsistent to tailor exchange rate policy to temporary trends: the pressure in favor of the appreciation of currencies was partly related to commodity prices (through the current account) and the investors’ risk appetite (through the capital account), which may clearly be temporary rather than permanent forces.
Rajan and Subramanian (2006) have highlighted the difference in treatment according to whether the trend is due to permanent or temporary factors. In a financial world characterized by capital flow volatility, a massive amount of capital may lead to some kind of “Dutch disease”, with unsustainable paths and high volatility of real variables.
These kind of problems may be more frequent in small economies, where the financial market is usually negligible as compared to international flows and where it is difficult to know the equilibrium level of real variables. Thus, temporary forces operating from the same side of the market may lead to nominal exchange rate overshooting (whether up or down). Far from adjusting towards the long-term equilibrium level, this may cause an excessive volatility and distort relative price signals for savings and consumption.
Ultimately, it is evident that the uncertainty faced by an economy such as Argentina's is not limited to the notion of risk. While in the latter case, the stochastic process to generate data is known, in the former the true model ruling macroeconomic function is unknown.
A frequency distribution bar chart of the Argentine GDP in the last 25 years would show that it is equally probable to grow or fall at a 10% rate; therefore, there are empirical problems to project the trend of fundamental variables. For instance, the 1998 national budget expected a 4.7% growth the following year and, in fact, in 1999 the decline exceeded 3%. This is an eloquent illustration of the problem in hand. Similar references could be mentioned with respect to the long-term equilibrium exchange rate or the consumption path.
Against an uncertain back, it is appropriate to prevent euphoria and adopt robust, gradual and coordinated policies to lead the economic convergence process towards its “cruising speed”. In this sense, making decisions but simultaneously keeping options to explore alternative paths is highly valuable. However, in a context of high nominal uncertainty, such as a widespread breach of contracts, there will be a demand on monetary authorities to provide clear and stable rules since the economic agents will relate these facts to an excessive past discretionality.
In this framework, the classical dilemma of rules versus discretion cannot be addressed with a “corner solution”. Extreme strategies, such as rigid and lock-in rules, would be useless and they would not even meet the initial objective of building fast credibility if agents do not perceive their consistency with the remaining policies.
On the other extreme, pure discretionary strategies cannot be pursued either. The demand for flexibility would be the perfect “excuse” for “not having a plan” and would validate the persistent trends in nominal variable imbalances.
Between both ends, the pillars of the domestic economy must be built progressively and patiently around a path that adequately combines the appropriate doses of flexibility and credibility.
In addition, this approach is not an isolated case in the world. Based on a study performed by Sturzenegger and Levy Yeyati (2005), only 50% of the countries that adopted the inflation-targeting model –where there is theoretically no intervention by the Central Bank in the exchange rate market– are effectively pursuing a free floating regime policy. Moreover, after the Lehman Brothers collapse almost all emerging markets with inflation targeting had to intervene in the foreign exchange market to avoid excessive volatility.
As regards the monetary policy, this resulted initially in the recovery of money basic functions, normalizing the financial system, and then in the rebuilding of the transmission channels of traditional policy tools so as to use them adequately when the economy is close to its steady state.
In general, five transmission channels can be identified: interest rate, credit, exchange rate, asset prices and expectations. Naturally enough, it is only meaningful to speak of monetary policy transmission mechanisms when there are nominal rigidities, both in goods and assets markets, which hinder an immediate accommodation of price levels. In a world characterized by flexible prices, all transmission mechanisms are alike and the question about the channels that might help the most to explain monetary policy transmission to the activity level becomes irrelevant.
In an economy in transition towards a steady state, not only the precise links among fundamental variables are unknown but also, and even more importantly, many policy tools that are typical of the steady state are unavailable.
A history of many decades of fixed exchange rate regimes – including a currency board that lasted more than ten years- followed by high devaluations and a hyperinflation processes make a difference between Argentina and neighboring countries in terms of absorbing significant swings in the exchange rate without threatening financial and monetary stability. The exchange rate cannot fully work as a “shock absorber”, as swings in the fx market boost uncertainty and substitution toward foreign currencies –channeling funds outside the financial system.
This peculiar economic history and idiosyncrasy not only affects the power of the instrument of the different branches of economic policy but also influences the way economic agents react to incentives and policies in a context where the precise connections among fundamental variables are unknown. Since the crisis, people markedly favor liquid forms of money to the detriment of wider monetary aggregates.
Therefore, in an economy like ours with precedents such as confiscation of deposits (1989, 2001), hyperinflation (1989, 1990), mega-devaluations (1989, 1990, 1991, 2002), and a default on the public debt (2001), the monetary system cannot set itself an exclusive goal and ignore the economy’s health and vulnerabilities. In these types of economies, where society has developed a high risk aversion, the need to prevent a crisis becomes a priority.
The past ¨haunts us¨ and leads us to adopt a prudent and asymmetrical strategy in response to exogenous forces: until enough evidence proves otherwise, we are forced to “dramatically shift the burden of proof” and assume that every negative shock is permanent and that, a priori, positive forces are temporary. The buildup of liquidity buffers in good times allows us to weather the storms in an unprecedented way for our history.
In the specific case of emerging countries that are very prone to financial and fiscal crises (such as Argentina), where dollarization levels are high, we need to design a monetary regime that is sufficiently robust to weather the challenges that we face in the transition phase towards a long term equilibrium.
And, to have a sizable amount of foreign reserves is of the essence. In the absence of an international lender of last resort, there is no substitute for a sound strong domestic liquidity policy. Many emerging market economies have been accumulating large stocks of foreign reserves, which allow them to be better prepared to face the global crisis. International reserves have reached a degree of coverage that was previously unseen in Argentina and they proved to be very useful to preserve monetary and financial stability by providing dollars to the market and to strengthen the demand for local currency in times of turbulence.
In particular, the four-pillar risk management strategy of the Central Bank during my tenure (the convergence between money supply and demand through yearly targets, a managed floating exchange rate regime, a counter-cyclical policy and liquidity networks in local and foreign currency, and an adequate banking regulation and supervision) allow to overcome every stress episode and minimize the impact on the real economy. It also prevents inconsistencies that could weaken its sustainability over time.
In recent times, the Argentine economy has undergone periods of remarkable tensions in the local market and the Central Bank’s policies responded as expected. The fact that four episodes in the last two years (July-October 2007, April-June 2008, September-November 2008, and March 2009) could be successfully addressed shows in a conclusive manner the soundness of the approach adopted by the Central Bank.
In each episode, the first action was to provide the means required to normalize the demand for money and stabilize the exchange rate market. Then, with simple tools, the injection of liquidity to guarantee the systemic stability was ensured.
Some measures were taken to neutralize the impact of a higher demand of foreign currency on money supply through liquidity injection, mainly redemption of Central Bank's Bonds and Notes (LEBAC and NOBAC) in the secondary market and partial renewals. This prevented an excessive pressure on interest rates and simultaneously ensured the fulfillment of monetary targets. Also, the Central Bank offered swaps between fixed and variable interest rate instruments so as to create a reference for the temporary structure of nominal interest rates in longer periods than those currently traded in the market. In addition, and with the objective of preventing an excessively cautious behavior by banks and fostering the use of their foreign currency excess resources to finance the business sector, a new option to access rediscounts in foreign currency was made available.
A non-flexible exchange rate and monetary regime was applied, on the basis of a managed float approach and a strict follow-up of the relevant monetary aggregates. This regime has allowed ensuring stability and at the same time build a healthy financial system (without currency mismatches or an excessive exposure to the public sector) that has progressively resumed its role as households’ savings intermediator (see Figure 4).
The managed floating exchange rate regime does not offer an “exchange rate guarantee” favoring short-term capital inflows and is intended to prevent high volatility from distorting consumption, saving and investment decisions. The objective is not to inhibit the convergence of variables to their long-term values but to avoid an excess volatility likely to cause unnecessary disturbances in economic decision making.
The orderly evolution of the exchange rate market in those episodes was enabled by the prudential reserves accumulation made by the Central Bank during the upswing of the international financial cycle (see Figure 5). By definition, any counter-cyclical policy must begin during a boom, and thinking that this favorable scenario could last for ever would have been a short-sighted reading of the recent Argentine history.
By respecting the special characteristics of the argentine economy that has suffered several financial crisis in the last decades, the monetary and financial policy options of the Central Bank of Argentina are framed within the context of a thorough review of the balance among the different policy objectives by Central Banks. Special consideration is given to the role and weight of price stability, output stability and financial stability.

4. Conclusions
Monetary policy is managed under a high degree of uncertainty about the real economic structure and the way in which specific policy actions affect price evolution and the output level. This is particularly remarkable in emerging economies.
Against a back of high uncertainty, in countries witch are still in transition towards a steady state and trying to overcome decades of a sharp decline, the monetary authority must provide and ensure monetary and financial stability. In the case of Argentina, uncertainty is compounded by a long tradition of macroeconomic instability. Monetary regimes have unsuccessfully gone from one extreme to the other. The periods of relative stability have been short-lived, due to inconsistencies in the approaches that should have ensured macroeconomic solvency.
In these cases, the monetary regime cannot address an excluding objective and ignore the condition of the economy and its vulnerabilities. Therefore, in order to reach long-term, this historical evolution must be taken into account, particularly its effects on the behavioral pattern of economic agents, in addition to the uncertainty factors inherent to monetary policy management.
In this context, it is crucial to combine the use of models with the judgment of the experts to facilitate a thorough interpretation of economic phenomena. In turn, simple rules may provide valuable information to compare results and determine different policy options.
To this end, the robust strategy added to the theoretical consistency shown in this paper has proved to be the best approach for the current stage of the argentine economy. Its effectiveness was evident in the last quarters when a quick response was provided to preserve the monetary and financial stability in the face of a new international context. Undoubtedly, this scheme reinforces the need for a permanent and comprehensive work to reconcile tools and objectives. This is also the challenge faced to build institutions and simultaneously contribute to growth with stability and social inclusion which is, after all, the ultimate goal of every economic authority with a strategic vision.
Otherwise, all efforts will be in vain and there will be another fall in the classical Argentine pendulum, going endlessly from one extreme of likely policies to the other. In fact, there is a twofold challenge ahead, which is synchronic rather than sequential: making progress in the fulfillment of policymakers’ objectives and simultaneously building institutions for the benefit of future generations.


References
Blinder, A. and R. Reis (2005). “Understanding the Greenspan Standard”, at the Conference “The Greenspan Era: Lessons for the future”, Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, Wyoming, August, pp. 25-27.
Bernanke, B. S. (2004). “The Logic of Monetary Policy”. Remarks by Governor before the National Economists Club, Washington, D.C.
Greenspan, A. (2003). Opening Remarks at “Monetary Policy under Uncertainty”, symposium sponsored by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, Wyoming.
Greenspan, A. (2004). “Risk and Uncertainty in Monetary Policy”, remarks at the Meetings of the American Economic Association, San Diego, California, January 3.
Levin, A.; V. Wieland and J. Williams. (2003). “The Performance of Forecast-based Monetary Policy Rules under Model Uncertainty”, The American Economic Review, Vol. 93, pp. 622-645.
Levy Yeyati, E. and F. Sturzenegger (2005). “Classifying Exchange Rate Regimes: Deeds vs.Words”. European Economic Review, Vol. 49. August.
Rajan, R and A. Subramanian (2006). “Aid, Dutch Disease, and Manufacturing Growth”, Mimeo, IMF.
Sargent, T. (1993). “Bounded Rationality in Macroecnomics”. Oxford. Clarendon Press.
Sargent, T. (2007). “Evolution and Intelligent Design”, Eleventh Annual Conference, Santiago, Chile.
Walsh, C. (2003): “Implications of a Changing Economic Structure for the Strategy of Monetary Policy”, in Monetary Policy and Uncertainty: Adapting to a Changing Economy, Jackson Hole Symposium, Federal Reserve Bank of Kansas City, pp. 297-348.
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EXPORTAR PARA CRECER Martín Redrado

La hora de los consensos
Moreno o Saavedra. Urquiza o Rosas. Irigoyen o Alvear Perón o Balbín: antinomias como éstas nos han mantenido divididos a los argentinos a lo largo de nuestra historia. Este modo de abordar la realidad nos ha enfrentado a falsas opciones que tras un engañoso paisaje de senderos siempre bifurcados, nos ocultó la posibilidad de desarrollar un proyecto integral de país. Sobre esta ilusión de dualidades excluyentes hemos concebido, en cambio, una sociedad fracturada cuyas divisiones se profundizaron con la crisis. Hemos trasladado esa visión también a nuestra política exterior, basada hasta hoy en planteos antagónicos tales como Alcavs. MERCOSUR o Exportaciones vs. Consumo doméstico.
Los resultados de nuestro tradicional abordaje de la realidad están a vista.
Si es que queremos construir un país de inclusión social, abandonar de una vez para siempre las falsas antinomias que históricamente han distorsionado nuestra visión y ceder lugar a los consensos. Porque sólo a partir de grandes consensos resultará posible reconstituir una matriz de valores e intereses comunes que defina nuestro perfil nacional.
El cambio no es fácil, pero si absolutamente posible.
Desde el punto de vista económico, se parte de un contexto global por demás complicado. A diferencia de los que ocurría en la década pasada, el mundo ya no mira a los países emergentes como una promesa para sus inversiones. Las sucesivas crisis, de México en ´95, el Sudeste asiático en el ´97, Rusia en el ´98, el Brasil en el ´99 y la Argentina en el 2001, se encargaron, devaluaciones y defaults mediante, de ahuyentar por largo rato a los interesados en colocar sus dineros en estas plazas. Frente a esta realidad, los únicos dólares disponibles serán aquellos que seamos capaces de generar a través de nuestro comercio exterior. De allí que la Argentina de los próximos años deba enfocarse hacia un crecimiento sustentado en la creación de divisas independientemente del esquema político que apliquen los gobiernos de turno. Necesitamos cambiar el modelo de crecimiento reorientándolo hacia una apertura exportadora.
Necesitamos, en definitiva, dar el tan postergado”salto exportador” que convierta las ventas externas en el motor de nuestro crecimiento económico y de nuestra inserción internacional en la senda del desarrollo sostenible.
Desde la Cancillería y con aportes intelectuales públicos y privados, hemos construido un modelo de gestión que nos permitió poner en marcha una nueva política comercial más agresiva y con un objetivo –en este caso, sí –excluyente: abrirle camino a la producción argentina en el mundo. La nueva política supera por completo las falsas opciones antagónicas. En primer lugar ha eliminado la conjunción disyuntiva “o”, que tantos desencuentros nos ha provocado; hoy negociamos la apertura de mercados en el Mercosur y en México, y en los Estados Unidos, y en la Unión Europea, y en Sudáfrica, y en China, en la India, y en todos aquellos países que busquen crear prosperidad a través de la integración comercial. Los resultados de estas gestión público –privada hablan por sí mismos: a través de la eliminación de barreras para nuestros productos se han abierto mercados por un valor que supera los 2500 millones de dólares anuales. En segundo lugar, la actual política exterior no implica en modo alguno dejar de lado al consumo doméstico, ya que las ventas externas e internas pueden y deben ir de la mano a la hora de plasmar nuestro crecimiento. Pero a no confundirse; dadas las presentes restricciones, la Argentina captará las inversiones que prioricen a los sectores con capacidad de generar divisas de forma cierta y permanente. Yen la selección de estos factores, así como en la identificación de los mercados y los rubros hacia los cuales orientar preferentemente nuestras exportaciones, es donde se torna evidente el rol fundamental que juegan los consensos.
Este libro pretende demostrar, a través de una experiencia en particular, que los antagonismos inconducentes pueden ser superados creando consensos transversales sobre los cuales construir una gestión que redunde en crecimiento para nuestro país. Escribí Exportar para crecer con la intención de narrar como fue gestado el consenso entre el Estado, los empresarios, los académicos y la sociedad civil, que hoy sirve de base y fundamento a la nueva política comercial.
En la creación de este modelo de gestión desempeño una labor decisiva la organización formada por los hombres y las mujeres que trabajan en la Cancillería. Se trata de un cuerpo profesional altamente calificado, con una gran calidad moral y una notable capacidad de adaptación al cambio, que le ha permitido a la organización incorporar un nuevo concepto de gerenciamiento que distingue “objetivos” de “agendas”. Su esfuerzo, sumado a los esfuerzos de todos los sectores públicos y privados involucrados en la nueva política, ha producido el cambio.
Hoy la organización muestra un perfil más acorde a los tiempos que corren. A través de la integración de todas las áreas de la Cancillería a la gestión y del re-entrenamiento de todos los funcionarios, el perfil de la organización ha sido redefinido como el de una institución que apunta a un objetivo primordial: reposicionar a la Argentina en el mundo a fin de que nuestros productores encuentren una demanda permanente para sus productos.
A comienzos de la gestión, muchos subsecretarios y directores se sorprendían con mis preguntas:¿Usted me va a hablar de procesos o de sustancia?, ¿Qué objetivos tiene la Argentina en el Mercosur para el siguiente año?. Mediante este proceso de autoanálisis, se logró que cada área tuviera un manual con los logros que se persiguen en cada uno de los escenarios donde negocia la Argentina. Finalizada la etapa de reorganización interna, la Cancillería se abrió al sector privado, a los estamentos universitarios y de investigación, al Parlamento y a la sociedad civil. Ya sea a través de consultas electrónicas o presenciales, todas estas organizaciones se han involucrado en la política de apertura de mercados que lleva adelante nuestro país.
Estos cimientos constituyen los pilares del nuevo enfoque exportador de la Argentina. Tanto el sector público como el privado han contribuido a la creación de los consensos que dan sustento a la actual política comercial, diseñada con el objetivo primordial de lanzar a la Argentina hacia el mundo. Mi agradecimiento a todos aquellos que han sumado a la gestión de esa nueva política integradora, conscientes de que nuestra tarea consiste en trabajar por un país más justo, más solidario, más rico en oportunidades para todos los que lo habitan. En definitiva: por un país que merezca ser vivido.
Martín Redrado
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COMO SOBREVIVIR A LA GLOBALIZACIÓN Martín Redrado

El porqué de este libro
Este libro surge como consecuencia de los miedos que nos provoca a cada uno de nosotros, la economía de los tiempos que nos tocan vivir. Son momentos de transformación permanente caracterizados por dos elementos centrales: el cambio y la incertidumbre. Este comportamiento se ha visto acentuado en los países latinoamericanos tras la crisis financiera de finales de esta década. Todas las semanas me cruzo con gente que conoce mi tarea profesional y me pregunta: “Martín, ¿qué tengo que ver yo con un tailandés?” y agrega casi con temor: ¿Cómo nos protegemos de la globalización? A contestar este último interrogante se dedican las páginas que siguen.
A través de la palabra he buscado brindar una herramienta para comenzar a comprender esta realidad compleja y cambiante. Mi objetivo es que, tanto el lector sin experiencia en temas económicos e internacionales, como el especialista encuentren aquí conceptos que lo ayuden a entender los mecanismos de dispersión de las crisis globales y las conductas necesarias para que un país y sus ciudades estén protegidos de la mejor manera.
Alienta a este libro el mismo espíritu que me llevó a escribir Tiempo de Desafíos en 1994: poner en palabras simples conceptos aparentemente complejos, pero fundamentales para la vida y las decisiones de cualquiera de nosotros. El inconsciente colectivo asocia la economía –en rigor, una disciplina social –con las ciencias exactas, tal vez por su carga de números y fórmulas. En tiempo de Desafíos usé una imagen para describir esta contradicción: números de carne y hueso. Detrás de las cifras y abstracciones que sustentan el discurso de los economistas hay personas con sueños, deseos, necesidades y temores fundados, a su vez, en sueldos deudas, créditos y pagos. Para ellos es este libro. Es cierto: los tiempos están cambiando. Para bien o para mal, la globalización está entre nosotros. Es posible sobrevivir a ella; incluso sacarle provecho. Lo importante es entender cómo.
Lo que sigue es el fruto de un trabajo de equipo, que empecé a formar en 1991 cuando aún trabajando en Estados Unidos, me ofrecieron volver a la Argentina para comandar la Comisión Nacional de Valores. Se trata de un equipo de profesionales jóvenes que analizan e investigan la realidad socioeconómica y ponen toda su energía para realizar propuestas superadoras. Con ellos se ha logrado un equipo técnicamente reconocido a través de su trabajo en la Fundación Capital, uno de los principales centros de investigación de la Argentina. Se trata de un grupo que posee una probada capacidad de gestión y ejecución en las tareas públicas, probado por sus logros en la ya mencionada Comisión Nacional de Valores y en el Instituto Nacional de Educación Tecnológica, así como también en el sector privado.
Germán Frassa, Fabio Rodríguez, Hernán Lacunza, Jorge Donadío, Rodolfo Ragoni, Guilledrmo Corzo y Marcelo Mura han sido instrumentales en la investigación y análisis que aporta este libro. Carlos Pérez, Eduardo Rodríguez Diez, Norberto Domínguez y Mario Wolberg tuvieron significativas contribuciones para enriquecer los conceptos que se exponen a continuación. Ernestina Formaroli brindó su incansable esfuerzo para poder llegar en tiempo a los requerimientos de los editores. En síntesis un verdadero trabajo de equipo. A todos ellos y a los demás integrantes de la Fundación Capital, muchísimas gracias.
Martín Redrado
Buenos Aires, agosto de 1999

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TIEMPOS DE DESAFIOS Martín Redrado

Prologo
Este libro es un ensayo para no economistas, sobre los desafíos que enfrenta la Argentina. Luego de analizar las importantes transformaciones económicas realizadas durante esta década, nos encontramos frente a un punto de inflexión: o avanzamos hacia la construcción de una Argentina competitiva –es decir, que produzca con mejor calidad y a más bajo precio- o corremos e riesgo de echar por la borda los logros que tanto le han costado a toda la sociedad. Quizá la mejor manera de graficar este pensamiento es con la imagen de aquel barco que se hunde en el medio del mar, y el único sobreviviente no sabe nadar. Tras la desesperación inicial, el náufrago logra controlarse y descubre que si no se mueve, flota. Pero no sabe cómo hacer para nadar sin hundirse. Por lo tanto, decide quedarse ahí en alta mar, esperando que alguien lo encuentre. Eso es el plan de convertibilidad: alguien que flota en el mismo lugar desde hace tres años, inmovilizado por el miedo de hundirse. El crecimiento es otra cosa; es animarse a nadar y llegar hasta la orilla. El desafío que viene es entender la pequeña diferencia entre nadar y salir a flote.
Usted encontrará en los primeros capítulos una recorrida por experiencias vividas a lo largo de mi carrera profesional. No se trata de una autobiografía ni de una selección antojadiza. Es la ilustración con ejemplos concretos de los conceptos necesarios para diseñar una agenda económica para el año 2000. Estos conceptos se van diagramando entre anécdotas que reflejan las limitaciones y vericuetos del poder político, para integrarse en los capítulos finales donde se establece un mapa de ruta de cara al futuro. Es una visión que construye sobre la convertibilidad, para darle respuesta a los sectores productivos. Pensar que son las grandes variables macroeconómicas (estabilidad fiscal y monetaria) generarán una Argentina vigorosa, integrada y exportadora es cuando menos, una ingenuidad. Más aún, cargar las culpas sobre los gobernadores, empresarios y trabajadores es eludir la responsabilidad de la segunda etapa de esta transformación económica y esto constituye una irresponsabilidad.
El desempleo, el déficit comercial y la crisis de las economías regionales son una realidad incontrastable que demuestra la necesidad de ingresar a una nueva etapa. Es preciso darle una respuesta a los trabajadores desplazados de la fuerza laboral a través de programas de entrenamiento y reentrenamiento para brindarles condiciones de progreso. Resulta insoslayable, además, discutir soluciones concretas al costo crediticio, de transporte, energético, impositivo y de exportar para permitir que nuestros productores sigan en carrera. Porque la inacción prolongará la agonía de muchos y conducirá al resto a la bancarrota.
Este libro se divide en cinco partes. El miedo a competir describe el nuevo mapa de la economía mundial y los valores necesarios para que el país compita con el éxito en ese escenario. Darle el poder a la gente demuestra que, con mayor protagonismo, autonomía y responsabilidad para los individuos, se logra incorporar los conceptos de competitividad y calidad de servicios en el sector público. ¿Puede ser popular el capitalismo? Es un repaso del proceso privatizador y de las presiones políticas vividas durante mi gestión. En Argentina Base Cero se comienza a repensar la función pública desde una nueva perspectiva, libre de prejuicios históricos. Por último, El fin de la inocencia revisa las causas del fracaso de los planes económicos de los últimos años y propone el salto de la convertibilidad hacia una nueva etapa.
Los últimos doce años de historia argentina pueden dividirse, a mi entender, en dos revoluciones: una revolución democrática basada en las libertades políticas y el respeto a los derechos humanos, y una revolución estabilizadora que derrotó la inflación y produjo un crecimiento desparejo de la economía. El aumento de las dos terceras partes del producto bruto interno se explica a través del crecimiento del sector servicios, es decir de bienes que no se exportan. Por delante queda una tercera revolución, la revolución competitiva, que integra a los sectores desplazados y que nos proyecta al mundo, sin depender pura y exclusivamente del ingreso de capitales. De las características que deberá tener esta revolución pendiente se trata en este ensayo, como un aporte a la discusión sobre lo que debe ocurrir en nuestro país.
A la hora de los agradecimientos, corro el riesgo de quedarme corto. Germán Frassa, uno de los mejores intelectos que descubrí luego de mi retorno en 1991, colaboró con intensidad en la tarea de investigación y sin su esfuerzo este emprendimiento hubiera sido difícil de cristalizar. Tampoco puedo dejar de mencionar mi agradecimiento a las ciento cincuenta personas que me acompañaron durante tres años de realizaciones en la Comisión Nacional de Valores. Sin su aporte, la transformación y el reconocimiento internacional del mercado de capitales argentino hubiera sido imposible.
A Roberto Alemann y Jeffrey Sachs, por sus enseñanzas sobre la rigurosidad fiscal. A Mario Vazquez, Manuel Solanet, Luis Palma Cané, Daniel Palenque Bullrich, Gloria Fernandez, Alejandro Di Capua, Mariano Grondona (h), Guillermo Gotelli, Jorge Corteza, Angel Perversi y Javier Tizado, por compartir esta pasión por construir una Argentina más competitiva. A Carlos Pérez, Roberto Barbosa, Gabriel Griffa, Eduardo Rueda y Victor Pérez Barcia, por sus agudos comentarios de perspectivas diferentes. A Gabriela Bolognese, por su paciencia para leer cada uno de los borradores y aportar ideas innovadoras. A Alfredo Iribarren, Norberto Spolanski, Jorge Barocela y Osvaldo Siseles, por su consejo certero y permanente.
A los investigadores de la Fundación Capital, más de 50 profesionales que trabajan en la elaboración de propuestas para resolver problemas concretos de nuestra sociedad, por su aporte crítico y abarcativo. A Adrián De Santis, Pedro López, María Eugenia Pellegrin, César Duarte, Roque Escalera y Ramona Sandoval, por quitarles horas de sueño para realizar este proyecto en tiempo casi récord.
Para la realización de este libro que usted tiene en sus manos fue fundamental el apoyo y la comprensión de los seres que amo. A mi esposa Ivana, por sus comentarios desde un punto de vista no economicista, que me ayudaron a hacer esta obra para todos, sin exclusiones. A mis padres, Beatriz y Félix, por crear en mí un espíritu de permanente superación personal.
A todos ellos –y a los que olvidé mencionar- muchas gracias.
Martín redrado.
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POLÍTICA MONETARIA BAJO INCERTIDUMBRE Martín Redrado

La complejidad intrínseca de las relaciones económicas, esto es, la interrelación entre las variables relevantes, el comportamiento cambiante de la estructura económica conjuntamente con la interpretación de los distintos fenómenos por parte de los agentes económicos, hace que la política monetaria se desarrolle en un mundo de alta incertidumbre.
Comúnmente, se utiliza a un automovilista como analogía para describir el proceso de política monetaria. En la analogía, la economía está representada por el vehículo, la autoridad monetaria por el conductor y las acciones de política por la presión sobre el freno o el acelerador. De esta forma, si la economía está yendo muy despacio los hacedores de política reducen la tasa de interés (aprietan el acelerador), estimulando la demanda agregada. Por el contrario, si se quiere disminuir el ritmo de actividad se debe presionar sobre el freno, incrementando la tasa de interés.
Sin embargo, la formulación de la política monetaria dista de ser tan sencilla, lo que torna engañosa la anterior analogía. Primero, existen restricciones de información que son más severas que las enfrentadas por un automovilista en la vida real. Segundo, se debe tener en cuenta el rol de las expectativas del sector privado para determinar el impacto de las acciones de política. Por lo tanto, si hacer política monetaria es como conducir un automóvil, entonces estamos en presencia de un vehículo cuyo velocímetro no es confiable, tiene el parabrisas empañado y una tendencia a responder de manera impredecible y con retraso al acelerador y al freno (Bernanke, 2004).
En este mismo sentido, Alan Greenspan abrió su participación en la conferencia de Jackson Hole de 2003, encuentro reservado a los principales banqueros centrales del mundo y un grupo selecto de académicos, con las siguientes palabras: “la incertidumbre no es sólo un rasgo importante del entorno de la política monetaria, sino su característica distintiva”.
Esta afirmación puede parecer evidente, casi redundante. Especialmente, para quienes les ha tocado atravesar episodios de crisis estando a cargo de la gestión de política económica bajo condiciones financieras cambiantes. El objetivo de este trabajo es describir como la existencia de incertidumbre condiciona la efectividad, credibilidad y, por lo tanto, la implementación de la política monetaria.
Martín redrado
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Enfoque de las conferencias

El enfoque de las presentaciones responde a un abordaje integral de la dinámica económica argentina y regional, tanto en sus aspectos macro como micro. Entre los temas a tratar se encuentran:

Análisis de la Coyuntura Económica
Análisis Contexto Internacional
Panorama Cambiario y Comercial
Política Fiscal y Monetaria
Problemática Inflacionaria
Perspectiva y Sostenibilidad del Esquema de Política Actual

Universidad de Singapur

Policy Challenges in Latin America in the Next Decades: Opportunities for Complementarity with Asia




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